Dos personajes coinciden en escena mientras el mundo exterior grita. Allí donde habitan se abre un tiempo suspendido, un espacio donde descubrirse y abandonarse al otro. Como si el viejo aroma de Esperando a Godot volviera a visitarnos setenta y cinco años después, Living & Leaving habla precisamente de esa espera interminable e inútil, del sinsentido de la existencia mientras nos hacemos compañía. Juntos buscarán un instante de refugio: una cabaña en mitad de un bosque, irlandés quizá, cuya fragilidad conocen desde el primer momento, conscientes de que el viento del ruido exterior, tarde o temprano, acabará por derribarla.